Historia 1579-2009

Historia 1579-2009

Los orígenes de esta hermandad se remontan al año 1579, cuando fue aprobada la Regla de la cofradía de disciplina de Nuestra Señora de la Encarnación. Con el paso de los siglos, la hermandad aumentó el número de sus advocaciones y modificó su nombre, permaneciendo siempre establecida en la parroquia de Santiago.
La Regla de la hermandad de Nuestra Señora de la Encarnación, compuesta de 16 capítulos, fue ampliada en 1759 para adaptarse a los nuevos tiempos, intitulándose a partir de ese momento Hermandad del Cristo de la Expiración, nombre con el que ha llegado hasta nuestros días.
La primitiva cofradía de la Encarnación estaba regida por una Junta de Gobierno compuesta de Prioste o Hermano Mayor, Mayordomo, dos Alcaldes, Escribano y ocho Diputados. Las elecciones de oficiales tenían lugar el domingo infraoctavo del Corpus Christi, manifestando la hermandad el deseo de que éstos "...siempre sean personas que tengan substancia o bienes temporales, para que el dinero que nuestra cofradía tubiere por ellos sea aumentado y no venga a menos..." (Cap. VI). El domingo siguiente a la toma de posesión, la junta de gobierno saliente rendiría cuentas de su gestión ante el nuevo equipo gobernante, verificándose el inventario de los bienes y alhajas de la hermandad (Cap. VIII).
La persona que deseaba acceder a la cofradía de la Encarnación debía aportar informes de buena vida y fama, y no ser negro ni mulato. La cuota de ingreso eran 10 reales para los hermanos de luz y 8 reales, para los de sangre; en ambos casos, debían abonar un real para el escribano y muñidor (Cap. I). El nuevo cofrade estaba obligado a conocer la Regla por voz del escribano (Cap. XV); tras reunir estos requisitos, el neófito comenzaba a ser hermano de la Encarnación, condición que podía heredar su hijo legítimo o su viuda "...dando de limosna para el renuevo dos reales, y si la tal mujer se casare, la pierda..." (Cap. XVI).
La cofradía de la Encarnación celebraba cada 25 de marzo la fiesta de su Titular con un cabildo general, al que estaban obligados a asistir todos los hermanos y oficiales. En esta ocasión se construía un altar -donde se colocaba una Cruz y una bacineta para las limosnas que cada uno quisiera aportar- y se leía la Regla por voz del escribano. Dicha norma insiste en recalcar los buenos modales que debían demostrar los participantes en el cabildo y la necesidad de olvidar rencillas y hacer las paces entre hermanos. Tras oír el sermón de un predicador, era preceptivo confesar y comulgar (Cap. III), rindiéndose culto a la Encarnación de Nuestra Señora en una función solemne (Cap. VII). Además de este día, la Regla también era leída públicamente el Domingo de la Tentación y el día de Pascua Florida (Cap. X).
No se especifica con qué frecuencia se celebraban los cabildos ordinarios, aunque se advierte que en toda reunión de la hermandad era obligatorio tener presente la Regla en un atril sobre un paño "...teniéndole reverencia a las santas palabras que en ellas están escritas..." (Cap. XIV).
La procesión anual de Semana Santa tenía lugar durante la tarde del Martes Santo; todos los participantes debían acudir confesados y comulgados a la parroquia de Santiago. Al término de la misma, para lavar las heridas de los hermanos disciplinantes, la cofradía tenía dispuestos unos lebrillos de vino cocido con arrayán, violetas y romero, esponjas y papel de estraza. Se encargaban de curar estas heridas los hermanos de luz o algunos cofrades enfermos o incapacitados para la procesión (Cap. IV).
El estandarte de la hermandad era de color verde con una cruz rosada en el centro y cuatro cruces de Santiago a los lados; las varas de regimiento debían ser blancas, rematadas con escudos de la hermandad. El muñidor vestía una opa de paño verde, con mangas y bonete encarnados y una insignia de Nuestra Señora de la Encarnación sobre el pecho (Cap. V).
La Regla dispone que se efectúen dos demandas anuales de limosnas para alimentar a pobres vergonzantes y necesitados, ya sean cofrades o de la collación (Cap. IX). Si hubiese dinero para ello, se abonaría la dote nupcial de una o dos doncellas, hijas de cofrades pobres (Cap. XV).
Al fallecer uno de los cofrades, la hermandad costeaba ocho misas rezadas en la parroquia de Santiago, en sufragio por su alma y aportaba la cera necesaria. También disponía la asistencia al sepelio de cuatro clérigos "...y seis niños de la doctrina con seis hachas de cera que vayan delante de la Cruz..." (Cap. XII). Las personas encomendadas a la cofradía para recibir sepultura debían abonar dos ducados (Cap. XIII).
El último domingo del mes de noviembre debía celebrarse en la capilla de la hermandad una misa cantada con diáconos, túmulo, cruz parroquial, estandarte y ofrenda de pan, vino y cera, en recuerdo de los cofrades difuntos. La función estaría precedida por una vigilia efectuada el sábado y la asistencia era obligatoria para todos los hermanos de la corporación (Cap. XI).
En líneas generales, estas son las disposiciones establecidas por la Regla de la cofradía de la Encarnación, y aprobadas el día 1 de junio de 1579 por el Provisor del Arzobispado de Sevilla. Con respecto a otras Reglas de hermandades ecijanas coetáneas, es significativa la ausencia de mujeres en la cofradía, así como las escasas referencias a la procesión anual de Semana Santa: imágenes, pasos, túnicas, recorrido, etc.
Gracias a testimonios posteriores, sabemos que la cofradía efectuaba su estación de penitencia anual portando una imagen de Nuestra Señora de la Encarnación. A partir de 1680 se incorporó el Cristo de la Expiración y, durante el siglo XVIII, Nuestra Señora de los Dolores (en 1713) y Jesús de la Misericordia (en torno a 1728).
Para sancionar estas nuevas agregaciones, la hermandad redactó una nueva Regla que fue aprobada el día 30 de agosto de 1759 por Domingo Vicente Suárez, Provisor del Arzobispado de Sevilla. En este documento, la corporación ya se intitula Hermandad del Cristo de la Expiración y declara rendir culto a la citada advocación y a Nuestra Señora de los Dolores. La nueva Regla ordena la dedicación a su Titular de una fiesta "en la dominica de passión", en la que confiesen y comulguen todos los hermanos, para después celebrar el cabildo de elecciones (Cap. I). También se contempla el sufragio por los hermanos difuntos y el socorro en la enfermedad.
La procesión se mantiene en la tarde del Martes Santo, si bien se especifica que "...hemos de acompañar la Santa imagen llevando en las manos cada uno de nuestros hermanos, uno la cruz, otro la lanza, otro los cordeles y así cada uno, uno de los atributos de la Pasión de Jesucristo..." (Cap. II). Esta última disposición motivó el enfrentamiento con la cofradía de la Coronación de Cristo, de la parroquia de San Gil, que procesionaba desde antiguo -el Lunes Santo- portando las citadas insignias o jeroglíficos de la Pasión.
La hermandad de la Coronación principió autos contra la de la Expiración el día 14 de marzo de 1759, aduciendo que la cofradía de Santiago basaba su intención de portar la insignias "...valiéndose del pretexto de figurar una nueva hermandad, sin reconocerse otra diferencia entre las reglas antigua [de la Encarnación] y nueba, que la del segundo capítulo..."
La hermandad de la Expiración logró que la Coronación exhibiera su Regla "...para ver si ésta hablaba de que pudieran usar de dichos misterios o si a ellos les era facultativo, para pribarles el uso a la nuestra para que usaren de dichos misterios..." Reconocida ésta, no sólo no se halló tal disposición, sino que pudo demostrarse que la cofradía de San Gil había sido fundada en 1581, dos años más tarde que la de la Encarnación. Para evitar escándalos, ambas cofradías desistieron del pleito el día 30 de julio de 1759, consintiendo los hermanos de la Coronación a los hermanos de la Expiración que usaran los jeroglíficos en su estación anual.
Hemos de señalar que la Regla acordada por la hermandad de la Expiración en 1759 no presenta mención alguna a la advocación de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Misericordia. Dicha Imagen, al menos desde 1728, salía en procesión acompañando a los otros Titulares de la cofradía, y era portada sobre un paso, junto a una escultura de San Pedro, en el momento de su Negación.
Pocas referencias más podemos ofrecer sobre la historia de esta hermandad durante los siglos XVIII y XIX. En 1833, la cofradía se autodenominaba Confraternidad de Nuestra Señora de los Dolores, aunque continuaba rindiendo culto a sus tres Imágenes titulares y a la antigua advocación de Nuestra Señora de la Encarnación. Así se desprende de un Reglamento que para su gobierno acordó la hermandad en cabildo extraordinario celebrado en la parroquia de Santiago el día 20 de noviembre de 1842.
De esta forma continuó existiendo la cofradía hasta que, en los primeros años de nuestra centuria, la escasez de recursos económicos hizo que decayera su actividad. Entre 1908 y 1936 no efectuó estación de penitencia, celebrando únicamente el septenario de Nuestra Señora de los Dolores; estos cultos llegaron a interrumpirse durante la Guerra Civil. En 1940 se reanudan los cultos, pero no así las procesiones; a partir de 1942 se alzaron voces que proponían la creación de una hermandad que aglutinase a los estudiantes ecijanos en torno al Cristo de la Expiración.
En 1954, a propuesta del párroco de Santiago, se celebró un cabildo general de elecciones para reorganizar la hermandad que no obtuvo el fruto deseado; reiterado de nuevo el intento, en 1962, cristalizó con la creación de una comisión gestora que llevó en Vía Crucis al Cristo de la Expiración, hasta las parroquias de Santa María, San Juan y Santa Cruz, acompañado por más de 500 devotos. La nueva hermandad de la Expiración inició su estación de penitencia en la Semana Santa de 1965 y es la que, con renovadas energías, mantiene vivos aún el mismo fervor y devoción religiosa que, en 1579, unieron a un grupo de ecijanos de la collación de Santiago. El día 24 de marzo de 1990, la Infanta de España Dª Cristina de Borbón y Grecia aceptó el ofrecimiento hecho por la hermandad para ostentar el título de Camarera de Honor de sus Venerables Imágenes.
El escudo de la hermandad está formado por un corazón de color morado, atravesado de derecha a izquierda por un puñal, superpuesto a la cruz de Santiago, en color rojo y las llaves de San Pedro. La estación de penitencia continúa realizándose en la tarde del Martes Santo; el hábito se compone de túnica y capa blanca, cíngulo de soga, medalla de la hermandad y antifaz blanco, para los hermanos que acompañan al Cristo de la Misericordia; rojo, para los que desfilan ante el Cristo de la Expiración; y morado, para los de la Virgen de los Dolores.